Comprender el verdadero valor de la franquicia

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Cuenta un hermoso relato filosófico, de esos que circula por la red sin una paternidad ya clara a causa de su millonésima repetición, que para comprender el verdadero valor de una década es preciso preguntarle a un preso condenado a dicha pena de privación de libertad. Para comprender el verdadero valor de un año, lo mejor es conocer el parecer de algún estudiante que hubiese repetido alguna vez curso…

Para comprender el verdadero valor de un mes, no hay persona más acertada a la que preguntar que a una madre cuyo bebe haya sido prematuramente alumbrado. Para comprender el verdadero valor de una semana, lo mejor es interrogar al respecto al editor de un semanario. Para entender el valor de una hora, se debe pedir su opinión a los amantes que aguardan para encontrarse.

Para comprender el verdadero valor de un minuto, nada como preguntarle al viajero que acaba de perder el tren o el avión. Para comprender el verdadero valor de un segundo, quien mejor puede valorarlo es aquella persona que estuvo a punto de sufrir un accidente. Y para comprender el verdadero valor de una centésima de segundo, se le puede preguntar al deportista que ganó una medalla de plata en las olimpiadas…

¿A quién se puede preguntar?

Admirando la enjundia de esta reflexión le viene a uno a la cabeza la pregunta de a quién tendría que preguntarle un interesado si desease comprender el verdadero valor de una franquicia determinada; de una enseña que le haya llamado la atención, y de cuya fiabilidad quiere estar seguro. Desde luego, no a quienes escriben libros sobre esta fórmula de colaboración empresarial; pues la mayoría son supuestos profesores de escuelas de negocios o pseudoconsultores de medio pelo, que tienen la más mínima idea de lo que es la franquicia, cuáles son las enseñas serias y qué otras no llegan ni a la categoría de salida sin callejón.

Tampoco es cuestión de interrogar al responsable de expansión de la cadena, pues le pagan para decir que la suya es la mejor franquicia del mundo. Vamos, que lo único que le interesa para cobrar su ‘bonus’ –salvo honrosas excepciones, ¿eh? que haberlas las hay…– es firmar cuantas más franquicias le sea posible cada ejercicio. ¿Seleccionar corrctamente a los candidatos? ¿Vigilar que los emplazamientos son los adecuados? Bah, minucias…

Consultar a un franquiciado

Lo más sensato, para averiguar si una franquicia es realmente lo que aparenta, es preguntarle a un franquiciado. Pero, ojo, tampoco a cualquiera: desde luego, no al/a los designado/s por la central. A menudo, éstos tienen acordados beneficios a cambio de su complicidad indiscriminada. Así que lo suyo es hacer una pequeña lista de 5 ó 6 nombres, ya que por desgracia no todo el mundo estará por la labor de ayudar al desconocido; a ser posible ubicados en distintas ciudades, para que sus circusntancias sean a su vez diferentes. Y si el negocio lo permite, no es mala idea interrogar no sólo a franquiciados emplazados en el casco urbano, sino también a aquellos cuyos locales se ubiquen en centros comerciales.

De ese modo se podrá tener una idea aproximada de la realidad diaria del negocio. Porque una cosa es la teoría, la publicidad, los titulares de los portales de franquicia, y otra –no siempre la misma– es abrir cada mañana el cierre metálico y comenzar a vender. ¿Prefiere poner sus ahorros a merced de lo que diga la primera o la segunda?

 

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