En franquicia (como en todo) las apariencias engañan

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El pintor ateniense de la segunda mitad del siglo V a. de C. Zeuxis de Heraclea presumía ante su rival artístico, Parrasio, de acabar de pintar unas uvas tan reales que los pájaros intentaban picotearlas. Modesto que era el hombre. Me recuerda la forma de obrar de no pocas cadenas de franquicia, que dicen ser líderes cuando apenas le llegan al dobladillo de la falda a los verdaderos número uno de su sector. Y es que en franquicia (como sucede en todo en esta vida) las apariencias engañan.


El caso es que para no ser menos, Parrasio cruzó una apuesta de que era capaz de realizar una pintura más perfecta que aquella. ¿Para qué valen los amigos si no es para “picarse” a las primeras de cambio? Cuando Zeuxis llegó al estudio de Parrasio, el lienzo objeto de la apuesta estaba tapado por una tela. Zeuxis le pidió que retirara la tela para ver la supuesta maravilla, y Parrasio le contestó que entonces acababa de ganar la apuesta, puesto que la tela estaba pintada sobre el lienzo.

¿Engañan o no engañan las apariencias? Pues en franquicia sucede algo similar: buena imagen, no pocos establecimientos abiertos –eso sí, en un sospechoso tiempo récord– un concepto aparentemente atractivo, y seguramente también un bocazas como responsable de Expansión, que va de portal de franquicia en portal de franquicia diciendo lo buenos que son y lo rentable que es su negocio.

Se trata de esas enseñas que, a los cinco años, han desaparecido de los portales de franquicia, de las guías del sector… y de las calles.

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