¿Qué le interesa más a una franquicia de sus candidatos?

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Las cualidades que más valoran en el candidato el común de las centrales de franquicia son: facilidad para adaptarse, ambición, estabilidad, sentido de la organización… Y es que, entre los candidatos a franquiciado, algunas personas sólo quieren ser dueños de la tienda de la que son clientes; y otros recurren a este sistema pensando que el franquiciador va a asumir el papel protagonista. Y nada más lejos de la realidad: como franquiciado tiene uno que ocuparse de su negocio.

Es cierto que muchas enseñas prestan su ayuda durante las primeras semanas a los franquiciados liminares, enviando a alguien de la central para que vea como funciona todo, e incluso, en algunos casos, trabaje a jornada completa durante cierto tiempo.

Después, muchas se mantienen en contacto directo con el franquiciado para ayudarle a resolver posibles situaciones críticas, y algunas mandan incluso personal especializado a que se haga cargo temporalmente del negocio si las cosas van mal o el asociado tiene problemas.

Sin embargo, en lo que respecta a la marcha diaria del negocio, uno mismo es director general y “botones”, excepto para todo aquello recogido en el manual de operaciones.

Por eso, las cualidades que más valoran las centrales son:

  • La inteligencia: potencial intelectual que le permita asimilar con facilidad la organización y los sistemas de gestión propuestos por su franquiciador.
  • La facultad de adaptación: predisposición a aceptar las reglas de conducta personal y de colaboración eficaz con la central. Espíritu abierto y predisposición al trabajo en equipo son aspectos a considerar.
  • Las relaciones sociales: debe tener don de gentes y facilidad para el trato humano; gozar de un sentido práctico y real de las relaciones sociales que le hagan apto para la comunicación.
  • La independencia: es un empresario independiente que suscribe un contrato de comercio asociado. Éste es, ante todo, un contrato de colaboración, por lo que el candidato debe mostrarse capaz de participar en las decisiones e iniciativas comerciales. Pero esta independencia debe ejercerla en el seno de la franquicia.
  • La estabilidad: la extraversión y el sentido humano no están reñidos con el concepto de seguridad y estabilidad que deben manifestarse en el franquiciado.
  • La creatividad: No ha de esperar que todas las iniciativas vengan de la central. Debe haber un proceso inverso de creatividad e iniciativa por parte del asociado. La experiencia personal es siempre apreciable y permite consolidar, si no actualizar, el saber hacer inicial.
  • La ambición: el dinamismo es frecuentemente la manifestación de una ambición subyacente, motor de toda actividad. Pero una ambición desmesurada puede poner en peligro su vida económica y el buen nombre de la marca. Hay que controlar el equilibrio entre los objetivos del franquiciado y sus propias posibilidades.
  • El sentido de la organización: el comercio necesita una gestión rigurosa para ser eficaz, así como un control de la propia gestión. Los medios informáticos y demás herramientas deben ser utilizados de manera apropiada por el asociado, en provecho propio y del franquiciador.

Tal vez hubiese que incluir una más, el sentido de la responsabilidad. Un franquiciado es un asociado independiente, y como tal su gestión y su futuro comercial son de su absoluta incumbencia, siendo también responsable de la imagen de la marca que le transfiere el franquiciador. Debe saber evaluar los riesgos y ser consciente de las consecuencias que sus decisiones e iniciativas tienen para la marca.

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