Del pesebre al Vaticano: miles de iglesias inauguradas

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Una gracieta que le escuché hace muchos años al humorista Moncho Borrajo («Hay que descubrirse ante la iglesia católica: empezaron con un pesebre y ahora el Vaticano se les queda pequeño») me ha venido a la mente cuando pensaba sobre qué escribir esta semana. Y es que se dice que la iglesia católica funciona de un modo similar al de una enseña de franquicia, haciendo llegar el concepto original del fundador –su saber hacer– a través de cada recóndita parroquia del mundo. Pero hay al menos 10 motivos por los que el dios de los cristianos, por muchas iglesias que tenga abiertas, no podría ser franquiciador. Probablemente como el de cualquier otra creencia supersticiosa.


1) Sólo tiene un manual operativo, y no fue escrito en castellano –ni siquiera en inglés–, sino en hebreo. Si bien es cierto que se tradujo, con mayor o menor acierto, a muchos idiomas.
2) No lo revisa desde hace siglos, y hay quien duda de que lo escribiese él mismo, pues se aprecian el estilo y la pluma de al menos cuatro autores diferentes.
3) Tal vez creó el mundo, pero ¿qué ha hecho después para incrementar ese saber hacer inicial? ¿Ahogar a los primeros clientes, con unas lluvias torrenciales, porque su modo de proceder no le satisfacía?
4) Tiene un entramado que precisa de excesivos empleados, por lo que la mano de obra dispara los costes y hace inviable el negocio.
5) Los técnicos de entidades certificadoras como Aenor tienen dificultades para estandarizar y corroborar la calidad de sus sistemas de trabajo.
6) Cualquier experto en leyes podría demandarle por emplear especímenes humanos sin autorización alguna.
7) Su principal colaborador cayó en desgracia al intentar abrir una línea de trabajo propia, y se mostró iracundo al degradar a sus dos primeros empleados por el mero hecho de que querían saber demasiado.
8) Si un cliente no se comporta como él ha predicho lo elimina –en el más amplio sentido del término– de las estadísticas.
9) Según parece, la formación no la impartiría él, sino un hijo supuestamente suyo; y nada de hacerlo en hoteles con salas adecuados, sino al aire libre: en lo alto de una montaña.
10) Aunque su temario sólo tiene diez puntos básicos, la mayor parte de los candidatos no aprobaría nunca su ingreso.

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